haz algo

Si piensas en mí, escríbeme. Si me extrañas, háblame. Si quieres verme, búscame. Si me quieres en tu vida, ponme en ella.

Soy mucha luna para competir con estrellas fugaces por un lugar en tu cielo.

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te extraño

Entregaste la vida sin que nadie te lo pidiera, absorbiendo el dolor de otros, llevándote la pena a dónde el sol nunca se oculta. Sé que hoy vives tranquilo y feliz.

Te extraño, pequeño, extraño tu particular saludo, el brinco chiquito que hacías cuando pedías de comer.

Te extraño, muñeco. Siempre estarás en mi corazón y pronto volveremos a vernos.

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Si hubieras llegado, hoy cumplirías cuatro años.

¿De qué color serían tus ojos, tu cabello? ¿Correrías con los pies descalzos por el pasto? ¿Cubrirías tus deditos con pintura? ¿Pedirías que te leyeran cuentos antes de dormir?

¿Te parecerías a él? ¿A mí?

Tantas incógnitas que mi imaginación jamás podrá responder…

el mar bajo la piel

La piel ya no me alcanza para contener a este mar alborotado que llevo dentro, que con cada mirada insiste en salir, en revelarte mis sueños, mis deseos, las sensaciones que me estremecen, las palabras que quisiera pero no me atrevo a decirte porque ¿no es correcto?

..,y con cada día que pasa, con cada ola que se impulsa para salir, la piel me duele más.

soy fuerte…

…pero también me agota serlo.

Para mí, para otros.

Al final del día nadie es fuerte para mí, no tengo en quién apoyarme, quién me proteja con un abrazo y me diga que todo va a estar bien. No hay nadie que luche por mí, que se angustie si no aparezco, si no llamo, si me quedo callada. Al final del día, no tengo un hombro sobre el cual llorar, una mano a la que pueda aferrarme para no caer en el abismo. No hay nadie al que pueda arrancarle una sonrisa, contarle una historia, alegrarle el día. No hay quien se sienta orgulloso, agradecido de tenerme en su vida, nadie quien convierta en acciones las palabras. No hay nadie que extrañe mi ausencia, que me necesite o se preocupe porque no dormí.

Al final del día, no tengo nada ni me queda nada. Soy huérfana de alma, de corazón. Sólo hay silencio que ensordece una mente confundida. Sólo hay un enorme vacío en dónde sólo quedo yo… y a veces no me soy suficiente.

Al final del día, no tengo un lugar, un propósito en esta vida que no sea ser una carga, ser dolor, un pretexto, una penitencia. Indiferencia. Inconveniencia.

Al final del día, da lo mismo si vivo o muero. Todos somos intercambiables, prescindibles, ignorables, olvidables.

Al final del día no me quedan razones para quedarme más tiempo. Sólo quisiera cerrar los ojos, borrarme de este sueño para siempre y no volver jamás.

Al final, las pocas huellas que uno cree haber dejado, también se borran para siempre.

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el hilo que nos une

“Cuenta una vieja leyenda japonesa, que cuando nacen dos personas destinadas a tener un lazo afectivo se entreteje un hilo rojo entre ellos. El hilo existe independientemente del tiempo, lugar, circunstancias o momento en que se conozcan y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces se tense, se contraiga o enrede, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe y existirá entre los dos.”

Eso explicaría tantas cosas.

Por ese hilo ¿no nos perdemos?, ¿no nos olvidamos? ¿nos pensamos y soñamos?

Por ese hilo ¿volvemos a buscarnos?

O… ¿sólo es un juego cruel del destino?

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