salida

Me voy porque no tengo razones para quedarme. Estoy cansada de la intermitencia, de que me quieras cerca, pero no a tu lado, de no ser más que un juguete para alimentar a tu ego.

Quizá, algún día, tus dragones y mis cuervos volverán a surcar el mismo cielo, a danzar durante un amanecer, a recorrer nuevos senderos.

Ya sabes dónde buscarlos.

Anuncios

Ouroboros

Tu alma conoció a la mía mucho antes de que mis labios tocaran los tuyos en esta vida. Desconozco qué es lo que el destino pretende cuando nos pierde, nos busca y encuentra, una y otra vez.

No sé a qué jugamos, cuando tus dragones y mis cuervos conviven en ciertas noches, cuando nos despiertan a la misma hora estando lejos el uno del otro, como tampoco sé a qué juegas tú, a qué me expongo yo, cuando, después de dibujar palabras en secreto, vuelves a guardar silencio.

¿Será que los dragones y los cuervos sospechan algo que los dos no sabemos aún?

La batalla de los dos lobos

Un viejo Cherokee le enseña a su nieto sobre la vida:

“Hay una batalla dentro de mi”, le dice al niño.

“Es una batalla terrible y es entre dos lobos. Uno es maligno. Él es coraje, envidia, tristeza, lamento, codicia, arrogancia, lástima hacia uno mismo, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.”

El viejo continuó: “El otro es bondadoso. Él es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, gentileza, benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fé. La misma batalla existe dentro de ti, y también dentro de las demás personas.”

El niño pensó en ello un rato y luego le preguntó a su abuelo: “¿Cuál lobo vencerá?”

El viejo Cherokee solamente replicó: “El que alimentes.”

CveJaRIW8AE93zS

25/12/2017

“Me siento como un gato. He vivido más de una vida contigo, sin ti, juntos, separados, alejados y cercanos, con café y tequila, limones y heridas, sal en las llagas y amor en los labios… y preguntas si le temo a la muerte. Amor, témele a una vida no vivida.”

Frida Kahlo

“Tienes que vencer el miedo”, me dijiste poco antes de marcharte.

Desconoces que lo vencí hace mucho, que lo vencí esa tarde lluviosa de verano cuando te besé afuera de aquel café. Durante muchos años me aterró entregarte mi corazón; quizá mi alma siempre supo que serías tú el que me lo devolvería mutilado y pendiendo de un hilo. Y aún así, calculando todos los riesgos, perdí el miedo y me lancé a ese vacío desconocido para estar contigo.

Vencí el miedo y conviví con tus demonios más veces que tú. Los escuché, observé y conocí como tú no has querido hacerlo. Los quise tanto como a ti, los quise más que tú, sin saber que serían ellos los que me arrastrarían al abismo del que huyes constantemente.

Vencí el miedo a verte otra vez, porque mi confundido corazón, con todos esos puntos y cicatrices que dejaste, sigue latiendo por ti, aunque mi mente lo tache de pendejo (y tiene razón) y desapruebe que no te mande a la Chingada con boleto sin retorno.

Vencí el miedo a recoger las piezas de mi alma destrozada y me volví a armar: como siempre, pero no igual. Vencí el miedo a estar en el silencio, a estar sola después de que te fuiste una vez más. Saqué la fuerza que despreciaste en mí y volví a levantarme, y aunque todavía no estoy entera, me soy suficiente y estoy viva. No gracias a ti.

Y aunque aún no supero el miedo de volver a querer a alguien como te quiero a ti, como me quiero a mí, quizá algún día también ese momento llegará.

¿Y tú? ¿Has vencido tus miedos? ¿A despertar solo? ¿A enfrentarte al espejo, a escuchar y observar tu alma en su estado más crudo? ¿A tocar fondo y volverte a levantar, solo? ¿A enfrentarte a tus demonios? ¿A vencer tu orgullo y pedirte perdón? ¿A dejar de aferrarte a una imagen que ya no te corresponde? ¿A ser auténticamente tú? ¿A estar con alguien por amor y no porque es conveniente para evadir tu soledad? ¿A no depender de otros para recibir la atención que te niegas? ¿A ser feliz por cuenta propia? ¿A buscarte y al fin encontrarte?

Evadirse allá afuera, entre el trabajo, los problemas y la gente, entre mujeres y vicios es tan fácil. Cualquiera lo hace y eso a la mente le fascina y la alimenta, mal. Lo cabrón es sentarse en el silencio y perder el miedo a escuchar el alma.

¿Vas a vencer ese miedo?