y no sé

… y no sé para qué le pregunto a la luna por ti. Si igual que tú, se queda callada, si igual que ella, te escondes…

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la sangha

“Todo lo que te molesta te enseña paciencia. Todo el que te abandona te enseña a mantenerte de pie solo. Todo lo que te enoja te enseña perdón y compasión. Todo lo que tiene poder sobre ti, te enseña como recuperar tu poder. Todo lo que odias te enseña amor incondicional. Todo lo que temes te enseña coraje para sobrepasar tus miedos. Todo lo que no puedes controlar te enseña a dejar ir.”

Jackson Kiddard

libres

“La única pareja posible no es la simbiosis de dos egos infantiles sino la colaboración de dos conciencias libres.”

Alejandro Jodorowsky

“El ego implica inconsciencia. La conciencia y el ego no pueden coexistir.”

Eckhart Tolle

“Los celos son posesión, no importa como quieran pintarlos. Es asfixiar al otro en nombre de un amor enfermizo.”

“El apego corrompe, destruye y hace que las personas se humillen.”

“No vale la pena aferrarte a algo que te hace daño sólo porque te hace sonreír de vez en cuando.”

“No busques excusas. No te merece quien te lastima, y punto.”

“No te regales, no dejes que la soledad decida por ti.”

“Aprende a amarte a tí primero, en vez de amar la idea de otras personas amándote a ti.”

la noche más oscura

warriorwoman.jpgCaí. Con las espadas clavadas en mi espalda. Caí tan lejos de la luz.

Cuando toqué fondo, la armadura pesada que llevé puesta durante años se hizo añicos. Al fin quedé libre pero estaba atrapada en el infierno, cegada por la oscuridad.

Grité, pero nadie escuchó. Tampoco tú. Lloré y las lágrimas quemaron mi piel. Quise morir porque mi alma se había desgarrado, porque al caer había perdido una parte de mí, te había perdido a ti también. Me sentí huérfana.

Por días, quizá semanas, quedé inmovil en esa oscuridad, esperando la liberación que sólo la muerte podría traerme. Nunca llegó. Poco a poco mis ojos se fueron adaptando al vacío que me rodeaba, mi cuerpo atrofiado aún no podía moverse, mis oídos ensordecieron con el incesante silencio.

En esa oscuridad empecé a recordar quién fui, quién soy. Recordé el contrato ancestral del que jamás podré librarme. Te recordé, aunque tú no quieras recordarme, aunque me hayas olvidado.

Desde tu olvido, desde mi infierno desgarré mi corazón, deshice los nudos en busca de una luz que el tiempo había apagado. Empecé a mirar hacia dentro, a retirar capa tras capa para volver a encontrarla. Encontré demonios y telarañas. Dolió tanto luchar contra ellos porque casi perdí en el camino.

Poco a poco, la oscuridad se transformó en penumbra o quizá mis ojos se acostumbraron a esa nada que me rodeaba constantemente. A pesar del miedo seguí escarbando con los dedos llenos de sangre, buscando esa luz, escuchando el llamado de mi alma perdida.

En los recovecos de mi corazón la encontré, mi luz apagada. No supe cómo encenderla. Día tras día la tomaba entre mis manos, la miraba buscando el universo, buscándome. Cerré los ojos y miré hacia adentro. Ahí me enfrenté a las consecuencias de mis acciones, al karma que llevo cargando desde generaciones, desde otras vidas, a la culpa, al miedo a desaparecer, a todas mis kleshas, a mi ego. Aprendí a pedir perdón a quienes había dañado, a perdonar a los que me hicieron daño, pero sobre todo a perdonarme a mí. y comencé a tratarme con compasión, con amor. Día tras día me dije “te quiero” una y otra vez. Al principio, esas palabras sonaron tan extrañas que me incomodaban, pero me forcé a repetirlas como un mantra hasta sentirlas completamente mías. Entendí que no se puede dar amor si no se tiene amor hacia uno mismo, que la vida no le sucede a uno sino que sucede para uno, y sobretodo por fin entendí que cuando el alumno está listo el maestro siempre aparece, sin falta.

Fue entonces que mi luz volvió a encenderse, primero fue un débil parpadeo que sólo iluminó el espacio alrededor de mi corazón, pero fue fortaleciéndose cada vez que soltaba más cosas que llevaba cargando por tanto tiempo, cada vez que daba un paso más hacia el purgatorio.

Ahí, por primera vez, pude ver las sincronías del universo, pude percatarme que no hay un creador allá afuera, que la creadora de todo en mi vida era yo. Y fue lo más hermoso que vi y aprendí.

Empecé a perder el miedo, a sentir paz, a recuperar mi fuerza. Tomé una de esas espadas que habían lastimado mis alas. Me liberé de mis ataduras.

Me volví guerrera.

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